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Encuentro con Lamia

Recuerdo haberme perdido cierta vez, en una antigua ciudad, como extraviado en un vaporoso sueño. Era la hora en que el día muere y las sombras se alargan, mientras los susurros de la existencia parecen decrecer. Sólo era guiado por una oscura motivación, desconocida para mi conciencia. Era una voz hipnótica que despertaba en mí la bruma del misterio y del temor hacia lo desconocido, tan seductor para mi curiosa alma. Guiado por esa mano de niebla incorpórea, recorrí unos laberintos intrincados, construidos de antes de la era medieval, que bajo la luz mortecina, brillaban más que la luna. Hasta que los susurros misteriosos me llevaron a internarme en una estrecha abertura, que apareció ante mí para engullirme como si fueran fauces. Tuve que recorrer a continuación un túnel de paredes muy juntas, oscuras y opresivas, mientras esa mano fantasma tiraba de mí. El aire estaba enrarecido, húmedo, infestado por los siglos, mas era ya imposible dar la vuelta atrás. Mis pasos resonaron en esa milenaria oscuridad, cubriéndome a la vez como una mortaja. Sin duda los primeros sonidos, luego de largos siglos de espera, fueron los de mis inseguros pasos, y el ritmo frenético de mi acelerado corazón. Mi respiración casi se había detenido cuando al doblar un recodo se hizo la luz. Luego de ese largo trecho de oscuridad, mis ojos, acostumbrados a la ausencia de luz, dotaron a la visión que se abrió ante mí de un resplandor onírico, y casi místico. Me hallaba frente a un excelso jardín, magnífico y exuberante. Detrás de mí, se habría el hoyo por el cual había tenido acceso, semejante a una horrorosa boca abierta en un grito silencioso y eterno grabado en piedra. Pero el jardín rebosaba belleza y vitalidad, las flores rojas, damas de la noche, resplandecían junto al cortejo de las luciérnagas. Árboles agrestes y maravillosos en su robustez, bordeaban el jardín, cual soberanos, meciéndose sus ramas de belleza sin par, ofreciendo reverencia a la reina noche, e invitando a bailar a la brisa nocturna. Cuántos matices diferentes y fantásticos, para la inspiración de un poeta! Mientras mis ojos asombrados se posaban en todas estas cosas, me detuve a contemplar los límites del jardín, que parecía no tener fin, mas no era otra cosa que una ilusión óptica, ya que con mayor detenimiento pude observar que altísimos muros sin aberturas visibles lo bordeaban, cubiertos por una carpeta de enredaderas entretejidas, desde donde las más altas luciérnagas brillaban como estrellas distantes. También descubrí que no estaba solo. De entre la niebla cada vez más creciente del anochecer, figuras de pálida piel parecían manifestarse. Hermosas deidades del panteón griego, magistralmente esculpidas en blanco mármol, me observaban. En sus expresivos ojos de piedra blanca, pude leer desde asombro, hasta satisfacción, o desprecio... Quién pudiera, pensé para mis adentros, poseer tal dicha de pertenecer a ese paraíso de dioses, que no son más que la exaltación de los sentimientos más bellos de los hombres! Y de los más terribles, también...Y mientras navegaba en los mares de estas cuestiones poéticas y filosóficas, un sonido agudo me sacó de mis pensamientos. Una voz de campana de plata, de timbre argénteo, acarició mis oídos, quebrando el eterno silencio.
" He esperado por vos, milord" suspiró la voz dentro de mi cráneo, y ya no pude pensar con claridad, me había paralizado, transformándome en una estatua de carne y sangre palpitantes. Sólo fui capaz de verla venir hacia mí, envuelta en niebla, tan leve que flotaba en mi dirección como llevada por las alas de las mariposas. Y aún así, a pesar de contar tan sólo con la luz de la inconstante luna, iba ella cubierta de resplandor, que irradiaba de su rostro y de sus ojos. Y quise preguntar "Quién Sois?" Mas mis labios estaban adormecidos por algún siniestro hechizo. Y pensé, qué idioma hablaba ella, si era inglés o griego. Acaso puede discernir eso un alma inmersa en un nebuloso sueño? Iba esta dama con la melena suelta, era rubia como el oro bruñido, su vestido blanco radiante como espuma de mar. Y cuando estuvo a mi lado tendió sus esbeltos brazos hacía mí, y recorrió toda mi apariencia con sus pequeñas manos. Como lo haría un ciego que se maravilla con lo que jamás ha tocado, y lo atesora con suaves caricias. Mi mente era testigo mudo de todo y vagaba en un cosmos de inmovilidad. " Tienes una espada" dijo "Es una espada turca, o albanesa" hablaba en suspiros adorables, mientras con sus manos de marfil sostenía el mango de mi espada que colgaba a un costado de mi cuerpo como un adorno inútil. Me miró a los ojos levantando su hermosa cabeza, con una mirada dotada de tal ternura, que habría hecho llorar a los santos, mientras que con su argéntea voz suspiraba "La encuentro muy atractiva y es muy fálica por cierto" Y vi en el revés de su brazo, mientras jugaba con la empuñadura, sacando la espada y volviéndola a enfundar en la vaina, que tenía un nombre escrito sobre la blanca piel. Un nombre en griego escrito con letras griegas antiguas: Abraxas, decía, tan sutil como el beso de un niño. " I am your lady and you are my lord" dijo, al abrazarme. Y ante mi pasmado asombro me vi a mí mismo en movimiento, como un títere, me vi inclinando la cabeza, el cuello, mientras la dama, lady Abraxas, acercaba su cabeza a la mía. Sentí ceder todo resto de cordura y voluntad, cuando mis labios, esclavizados por sus encantos, depositaron un beso entre su cuello y su rostro. Una mágica región de su anatomía, sin lugar a dudas. Pues entonces sentí revivir algo de la voluntad perdida y la vida robada, mientras en mis brazos esa criatura celestial se deleitaba, le susurré: " tu sabes que te amo, pero para tristeza de mi corazón, aún no puedo pertenecerte, no por completo." Y ella me sonrió, sus ojos de gris metal me hipnotizaron, y la escuché decir entre campanadas de plata, mientras susurraba: " Ya llegará ese día, milord, en el que yo seré tu dama y vos mi caballero, cuando retornes a Grecia, yo retornaré a ti, y cada aliento de tus labios y cada gota de tu sangre serán míos, y tu alma morará en este jardín por siempre, junto con la mía!"
Lo siguiente que recuerdo fue recibir al sol perdido entre las ruinas de una antigua villa. Todo rastro de la dama y del jardín maravilloso habían desaparecido.

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